Pandémica y Celeste – Jaime Gil de Biedma.

Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo,
hipócrita lector -mon semblable-, mon frère!

Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo a otros cuerpos
a ser posiblemente jóvenes:
yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.
¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir -aunque sea nada más que un momento-
igual deslumbramiento que a los veinte años !

Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
-con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.

Y por eso me alegro de haberme revolcado
sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
mientras buscaba ese tendón del hombro.
Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones…
Aquella carretera de montaña
y los bien empleados abrazos furtivos
y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,
pegados a la tapia, cegados por las luces.
O aquel atardecer cerca del río
desnudos y riéndonos, de yedra coronados.
O aquel portal en Roma -en vía del Balbuino.
Y recuerdos de caras y ciudades
apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,
de escaleras sin luz, de camarotes,
de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,
y de infinitas casetas de baños,
de fosos de un castillo.
Recuerdos de vosotras, sobre todo,
oh noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!
La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota,
de la langueur goûtée à ce mal d’être deux.
Sin despreciar
-alegres como fiesta entre semana-
las experiencias de promiscuidad.

Aunque sepa que nada me valdrían
trabajos de amor disperso
si no existiese el verdadero amor.
Mi amor,
íntegra imagen de mi vida,
sol de las noches mismas que le robo.

Su juventud, la mía,
-música de mi fondo-
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.

Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
                          Porque en amor también
es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
-mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.

Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.

Oasis Perdido.

¿Qué encontró este caminante prieto del desierto
A mitad de camino?

(Una ilusión)

¿Y en el corazón de la casa?

(Un espejismo)

En un par de pestañeos
Estaba de nuevo en el hospital
Para llenar estas heridas
Jamás cerradas
Con música de Bach y sal.

En el desierto de mi boca:
Lilas y flores carmesí
Y en el reverso de mis labios:
Flores sin nombre
A mitad de ningún camino.

(Camino a ninguna parte...)

Para no sentirse uno abrumado
En el preciso momento
Del primer acto,
Que representa una escena
Sin actores
Sin protagonistas.

Estoy en las profundidades
Pero mi madre me empujó -y no aprendí-
hacia la superficie de las cosas
Para respirar más liviano -y no aprendí-
Ni tan siquiera en el ambiente
Somero y resguardado

Espiral de portadas de libros
En mi cabeza
Espirales de cadena y alambre
En la corona
En la corteza.

El lago en espiral
Garganta adentro
Garganta abajo.

(Arena tierra. Tierra abajo)

Mi boca es un oasis
Para los evasivos,
Los camellos,
Para los leones,
Y los niños.

En el albor y en la humedad
De mi corazón
Reventaron dos falsas rosas de Jericó

(Espejismos adentro)

Me tragué los espejos
Y el susto es ahora mío.

Pero cualquier oasis,
Cualquier caminante
Puede invocar de nuevo otra rosa.
Rosa de Jericó.

Sistema Límbico. (Vendo acaloradamente el vacío)

Mis escritos están llenos de contenido
Aunque por dentro me siento vacío.

La belleza está en el beso de alguien
Y espero que sepas,
(Beso de alguien, beso pasajero)
Lo que por ahora no digo.

(Entrecortados respiros.
Púlsares distintos)

No obstante te mostraré
Siempre mañana, un círculo
O un óvalo
Que se retuerce infinito y titubeante
Entre las flexibles paredes
De nuestras bocas.

Batallando por mantenerse firme:
El aguacero de aquél beso
En este infierno mío.

Tanto habré llorado sobre la tierra yerma
Que el milagro del hombre y la cosecha
Han empezado a brotar
Bajo mis pies lavados
(Flores de nopal, colas de caballo)

La vida está en el primer llanto
de una criatura.
La vida está
En el beso
En la alegría
En la felicidad de algunos.

La mágia está, sin embargo,
En los primeros pasos
En las primeras y últimas palabras
Y en la belleza por descubrir.

(de otros. Pues eres testigo de alguien)
El petó, de Joan Fontcuberta. Barcelona

«Robe Iniesta – Un Suspiro Acompasado»

He notado una brisa pasajera
Que me ha dicho que, tal vez si quisiera
Respira y noto su respiración;
Habla, y sueño con su voz y con ella

Aunque ya no esté, tengo mis razones
Para ver que hay ocultas conexiones
Si ella baila, yo encuentro una canción
Que habla de nosotros dos.

Quédate en silencio y oye
El ruido de mis tripas soñadoras,
Que sueñan con comerte a todas horas.
Ruge el deseo contenido

Gira, y yo la espero
Se va y a la vida le pierdo el apego
Y el juicio recupero
Si encuentro un indicio de su paradero

Llega el viento mecido
Porque acaba de estar contigo
Noto en el aire un suspiro,
Y todo cambia de sentido

Comencé por dejar la puerta abierta siempre
Para ver si llega hasta aquí tu aire caliente.
Respirarlo y que me cuente
Tus noticias más urgentes

Un deseo le he pedido a las flores
Que la busquen, que ellas saben de olores
Que le digan que espero aquí en el sol,
Que da en el último escalón, a que vuelva

Quiero saborear la esencia de las cosas.
Batió las alas una mariposa y sabor de aire recién batido

Gira, y yo la espero.
Se va y a la vida le pierdo el apego.
Y el juicio recupero
Si encuentro un indicio de su paradero

Llega el viento mecido
Porque acaba de estar contigo.
Noto en el aire un suspiro,
Y todo cambia de sentido

Comencé por dejar la puerta abierta siempre
Para ver si llega hasta aquí tu aire caliente.
Respirarlo y que me cuente
Tus noticias más urgentes

Respirarlo y que me cuente
Tus noticias más urgentes
Respirarlo y que me cuente
Tus noticias más urgentes

Qué será de mí cuando me quede sin palabras. («Nosotros intentaremos que estés tranquilo»)

Con un trozo de pan y un tono seco
ahuyentaste a la paloma.

(Todavía insistente, la paloma regresó.)

Preguntaste:

- ¿Qué te dice el canto de estos pajarillos?

Callé:

- ¡Tú también entiendes el canto en sus letras!

Decían...

("No se podrá comprar el corazón de nadie")

El Ave tenía locura y razón.

Traté de iluminar o elevar su vuelo
con el sollozo eterno de mis palabras.

En el intento encontré
una puerta entre nardos
y cientos de cigarros apagados;
inmóviles en la deriva.

Así sentí la locura en mí y en él,
Pues la luz viaja más rápido que la primavera.

(¡Ay, sus alas de vidrio!)

Soñaré en el campo lejano
con la araña que mordió la tragedia.

(Treinta y cinco cuerpos y una paloma
entraron en un poema compartido)

...Cuando me quede sin palabras
mi muerte y mi leyenda
serán tan solo una emigración
hacia el reino de los corderos y los poetas.

Y los lobos quedarán atrás.

(La paloma está en el hospital).

Ojalá no llegue nunca el Ave a la Luna...
Haría de ella un duro anillo blanco.

(Pues él, el poeta, quiso sentir
la dura carícia de su anillo)

«Gacela del amor desesperado.»

La noche no quiere venir
para que tú no vengas
ni yo pueda ir.

Pero yo iré
aunque un sol de alacranes me coma la sien.
Pero tú vendrás
con la lengua quemada por la lluvia de sal.

El día no quiere venir
para que tú no vengas
ni yo pueda ir.

Pero yo iré
entregando a los sapos mi mordido clavel.
Pero tú vendrás
por las turbias cloacas de la oscuridad.

Ni la noche ni el día quieren venir
para que por ti muera
y tú mueras por mí.

FEDERICO GARCÍA LORCA.

El camino marcado.

Rayos de luces y colores
penetran mis (trans)lúcidos párpados;
Todavía dormidos,
Todavía frágiles.

Es hoy mi caminar de andariego,
el de un paciente medicado.

¿De dónde nace hoy,
esta presión en el pecho?
¿Por qué esta hinchazón de la cara,
carne y piel?

El monstruo donde los niños juegan
habita en mi frente
Y es el tercer ojo,
un péndulo;
un vaivén.

¡Qué curiosa és esta calma!
(Que presagia una nueva tormenta)

¡Qué curiosa és esta frágil condición!
(Qué a la criatura ahuyenta)

Volveré, por el camino marcado.
("¿Volverás? Sí volveré").

Andaré sobre la luz,
que baña la cascada,
En un ardiente atardecer.

Pluja d’idees. (Déu està en la pluja)

Una cosa es la que veus tu
i una altre es la que no arribes a veure
Per no tenir la mirada fixada cap endins.

Cada calaix té el seu pany
i la seva clau
Malgrat que tots bevem
de la mateixa font.

D'aquell "et penso molt" al,
(sino hi ha una acció)
no et penso gens.

Tantes finestres es perdrien de vista
si sobre aquella finestra s'obrís un esvoranc
(a la teva façana, a les nostres parets)

M'he adonat de com les gavines es cedeixen els llocs sobre les faroles
I de com, al nostre parer,
riuen amb malícia...

Abraxas deu habitar en elles
Per fer les paus amb el pare
Amb la suau ingravidesa
d'aquella específica gavina.

Una cosa es la que ves tú
y otra es la que no llegas a ver
Por no tener la mirada fijada hacia adentro.

Cada cajón tiene su cerradura
y su llave
Aunque todos bebamos
de la misma fuente.

De aquel "te pienso mucho" a,
(sino hay una acción)
no te pienso nada.

Tantas ventanas se perderían de vista
si sobre esa ventana se abriera un boquete
(en tu fachada, en nuestras paredes)

Me he dado cuenta de cómo las gaviotas se ceden los sitios sobre las farolas
Y de cómo, a nuestro juicio,
ríen con malicia...

Abraxas debe habitar en ellas
Para hacer las paces con el padre
Con la suave ingravidez
de aquella específica gaviota.